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Carta de Dr. José M. Ordovás

Catedrático en Nutrición y Genética.

Director del Laboratorio de Nutrición y Genómica del USDA-Human Nutrition Research Center on Aging de la Universidad de Tufts (Boston, EEUU) y director científico del Instituto Madrileño de Estudios Avanzados en Alimentación (IMDEA)

La pirámide de población es la representación gráfica de la distribución por edad y sexo de la población. La forma de esta gráfica depende de la mortalidad, la fecundidad y la migración. El hecho de que la llamemos pirámide es porque, durante toda la historia del ser humano, la distribución de las diferentes edades en un momento determinado se asemejaba a tal figura arquitectónica, con una amplia base que se iba estrechando hasta llegar a la cúspide de la longevidad máxima. En el momento actual, como resultado de que cada vez vivimos más y nos reproducimos menos, la pirámide de población ha evolucionado en los países desarrollados de la imagen clásica de las pirámides egipcias a la cúpula bulbosa de la catedral de San Basilio en Moscú, con una base estrecha, y la mayor parte de la población en la parte media. En términos prácticos, lo que esto nos revela es que el mundo está envejeciendo.

No sabemos realmente cuál es el límite de vida del ser humano. Mientras que unos investigadores dicen que ya lo hemos alcanzado y que debe estar alrededor de los 115 años otros no ponen límite y sugieren que, con los futuros avances tecnológicos y médicos, podríamos vivir cuasi-indefinidamente. Por otro lado, la realidad es que en los años de vida no solamente es importante su cantidad sino su calidad, y es en este último aspecto donde tenemos que poner el énfasis hoy en día.

Varias zonas del mundo nos ofrecen ya esa visión de futuro de sociedades centenarias. Se conocen como las zonas azules e incluyen, Okinawa (Japón); Cerdeña (Italia); Nicoya (Costa Rica); Icaria (Grecia); y los Adventistas del Séptimo Día en Loma Linda, California (Estados Unidos). En estas zonas, sus habitantes no solo viven más, sino que viven más sanos y por lo tanto mejor. El secreto de su longevidad y de su salud se ha buscado por décadas. Algunos lo han atribuido a su genética, y por supuesto que tener una buena herencia genética ayuda a vivir más. Otros lo han atribuido a alimentos especiales y cuasi-milagrosos que se encuentran en esas áreas, pero la realidad es que no hay un secreto único sino varios secretos a voces que coinciden en todos los lugares y que consisten en:

  1. Actividad física regular.
  2. Reducción del estrés.
  3. Un motivo para vivir.
  4. Un consumo de alimentos locales, de temporada y moderado.
  5. Una vida social activa.
  6. Unos vínculos familiares fuertes.

En resumen, esa “pasión por vivir” que se va desgranando paso a paso en esta magnífica obra donde el lector encuentra tanto la teoría como la práctica para vivir no solo más, sino mejor y más feliz; contribuyendo así al bienestar no solo personal, sino también de aquellos que nos rodean y de la sociedad global.